Reino Visigodo

lunes, 19 de junio de 2006

Hiperborea,la cuna de la raza Aria.

HIPERBOREA. LA CUNA DE LA RAZA ARIA



EL RETORNO A LOS ORÍGENES


C. Levalois



Primera edición española: Marzo 1987.

Colección de Estudios Tradicionales.





En una de las novelas de Barjavel, LA NUIT DES TEMPS, (1) una expedición científica descubre, bajo el casquete del hielo del polo Sur, una ciudad hundida desde hace varias decenas, centenares o miles de años, vestigio de una civilización próspera y brillante. Para muchos, esta excelente novela es una obra notable de ficción; la gente exclama: "¡Genial! iQue ocurrente¡ ¡Habría que haberlo pensado¡", pero luego se ponen a consumir otros libros. Para el espíritu curioso, para aquel no anestesiado por el mundo moderno, una voz se alza misteriosa; paralelamente, una duda se abre paso cuestionando las frágiles apariencias del mundo moderno. Es posible que esta evocación de una ciudad fabulosa trazada por los elementos desencadenados no sea solo una novedad para él, sin que recuerde exactamente en donde, o cómo, o en qué circunstancias, ha podido oirla por vez primera.



Una búsqueda se impone a partir de entonces. Muy lógicamente para emprenderla hay que estudiar nuevamente los antiguos textos de la humanidad. Con su contacto, éste espíritu curioso encontrará una vía, o más bien elementos esparcidos que se parecen mucho a la trama de la novela anteriormente citada. Tendrá incluso más: varios continentes, países, ciudades, desaparecidos. Su pasado se ampliará desmesuradamente. Podrá comprender esta frase de André Breton: "Lo realmente admirable en lo fantástico, es que no existe lo fantástico, solo existe lo real".



Contrariamente a lo que pudiera aparecer, en el inicio, una investigación más seria, le proporcionará las certidumbres de los hombres de la Antiguedad, por no mencionarlos más que a ellos, que volvían sus miradas hacia el polo norte y no hacia el ártico, como en la novela de Barjavel, designando claramente este elemento como el de una lejana y lamentada edad de oro, en donde duermen, al abrigo de los espíritus impuros, ciudades prestigiosas, remansos de paz, de justicia y felicidad, habitadas por seres más próximos a los dioses que a los humanos, tales como hoy los vemos. Entonces una palabra mágica, de misterioso poder evocador, se escapará de los labios para llamar a este lugar maravilloso: HIPERBOREA.



(1) Edición francesa, Presses de la Cité, 1968.



EL NORTE Y EL ORIGEN


Numerosos son los autores de la Antiguedad que hablan de Hiperbórea o de Thule, su centro y que sitúan el origen de nuestro mundo. En el siglo IV av. de JC, la creencia en una tierra maravillosa, de sabios inmortales, situada en el Norte de Europa, más allá del Océano, es tan fuerte que un navegante griego de Marsella, Pytheas, hará un viaje que le llevará hasta Islandia, Noruega y quizás hasta el mar Báltico y que, según los fragmentos que han llegado hasta nosotros, superó el Círculo Polar Artico (2). En el 306 de nuestra era, el emperador Constancio Cloro buscó en el Norte de la Gran Bretaña esta tierra en la que no se ponía el Sol (3).



Luego, no hubo más preocupación por el tema hasta que emergió el ciclo del Grial, renacimiento de las enseñanzas tradicionales pre-cristianas, en las cuales el simbolismo polar es fundamental. El lugar dónde se encuentra el Vaso Sagrado, dispensador del conocimiento supremo (4), es una isla, un castillo, una montaña, o, en ocasiones, los tres a la vez, es decir, un punto central, polar, inmóvil en medio del movimiento. Un largo y peligroso viaje es necesario para acceder allí (5).



Más tarde, de nuevo el silencio. No es sino mucho después, en el siglo XVIII, cuando Jean Sylvain Bailly, el primer alcalde de Paris, guillotinado en 1793, sostendrá en las LETTRES A VOLTAIRE SUR L'ATLANTIDE DU PLAT0N, que el origen de los europeos -que más tarde se llamarán "arios"- hay que buscarlo en el Norte. Se basaba para afirmar esto, en las viejas tablillas indias introducidas en Francia hacía poco y sobre ciertas mitologías europeas. Algunas decenas de años más tarde, Fabre d'Olivet recuperará esta tesis, adornándola con productos de su fértil imaginación, en HIST0IRE PHILOSOPHIQUE DU GENRE HUMAIN (6).



Antes de examinar los elementos que han permitido a Bailly, así como a otros autores como Warren, Rhys, Ti-lak, sostener que el origen de la raza blanca es ártica y no asiática o de cualquier otro lugar (7), llevaremos nuestra atención sobre la "nostalgia" del Norte y de las diferentes islas maravillosas, análoga y paralela a la "nostalgia" de la Edad de Oro.



Entre los griegos, Apolo, dios civilizador, venía del Septentrión. Para los hindúes, en el Norte se eleva el Monte Meru, eje del mundo, alzado sobre el ombligo de la tierra -otro símbolo del centro- que se une a la estrella polar. Próximo a él, "al norte del océano de leche" está el "Sveta-dvipa", "la isla blanca", en donde "se encuentran hombres de un blanco centelleante" (8). Hécate de Abdera refiere que la madre de Apolo, Leto, ha nacido en Leuky, "la isla blanca"; los sacerdotes de esta isla están volcados completamente a su hijo. Para el Islám, en el polo -"Qutb", que designa igualmente a una persona de la jerarquía espiritual- está la montaña "Qaf". Para todos se trata de la tierra originaria, "supremo hecho" -"T'ai ki"- para los chinos, la tierra de los ancestros, de aquellos que están, a la vez, muertos y vivientes, es decir, de los inmortales.



(2) JEAN MABIRE, Thule o el sol reencontrado de los hiperbóreos, R. Lafont, 1978.

(3) Algunos historiadores de la antigüedad llamaban a Gran Bretaña, Hiperbórea; su nombre antiguo, Albion, tiene una estrecha relación con la mítica "isla blanca".

(4) En tanto que "vaso sagrado", el Grial, cuya temática narrativa procede de "la materia de Bretaña" y, por ello de la tradición céltica, equivale a Coiri, el Caldero de Dagda, originario de una "isla al Norte del Mundo".

(5) Cf. JULIU5 EUOLA, El misterio del Grial y la idea gibelina del Imperio. Plaza Janes, 1977.

(6) Existe un resumen amplio en "Los mil libros". Espasa, 1944.

(7) Recientemente la historia oficial no tenía ojo más que para el "reciente fértil" próximo oriental, origen de "la" civilización.

(8) Extraido del "Narayaniya Parvan. Mahabarata". Ed. Cervantes, 1969.



Los Tuata de Danan, la tribu divina que ha colonizado Irlanda, viene de las "islas del Norte del mundo". Una de las etimologías de Thuat -además de su sentido de tribu, de pueblo- es That, "La Tierra del Norte". Por el contrario, la tradición semita ve allí el origen del mal. En Jeremías (1-13-16) se escribe: "Es del septentrión desde donde la desgracia se extenderá a todos los habitantes del país". Esta oposición, sobre la que insistiremos, no puede en absoluto extrañarnos pues existen dos formas diferentes de concebir la divinidad, que Evola ha designado bajo los nombres de "Luz del Norte" y "Luz del Sur". El polo positivo de los unos es el negativo para los otros y viceversa.



Los textos sagrados hacen, frecuentemente, referencia al polo y a su simbolismo muy rico. Remiten también a lugares mitificados que han encarnado este polo, sea por que se encontrasen en él, sea por que fuesen su imagen; tierra perdida tras un cataclismo, trastornos cósmicos, debidos al ascendiente tomado por fuerzas negativas que, gradualmente, alejan a los hombres del centro original.



Las realidades metafísicas y físicas son una: es ilusorio pensar que se las puede separar. Así, hay una simbología polar propia de una raza del espíritu, e incluso propia de la raza del espíritu. El eje se identifica con el Ser, en el Uno, el Principio, el "purusha" de los hindúes, el no-actuar comparado al "motor inmóvil" de Santo Tomás y Aristóteles... en torno del cual todo gira, que da su verdadero impulso al denevir, que modela y ordena la materia. Es el sentido del "Shacravarti" de la Tradición budista, "el que hace girar la rueda"; encarna el polo y ha superado todo condicionamiento por la materia y el tiempo; ha vuelto a la raíz divina, la fuente y el corazón de todo, la luz primordial. Este centro es también una expresión geográfica, olvidada, perdida, difícilmente accesible, que el héroe o el asceta debe reintegrar. Incluso si no puede alcanzar el polo original, por su acción, su contemplación, su irradiación, debería reconstruir uno, a su imagen, ciertamente un sucedáneo, pero que, frente a las condiciones cíclicas cumplirá perfectamente su "función". La gran dificultad que experimentará para reencontrar, mediante la contemplación, este centro, equivale a la dificultad que tendrá al reencontrarlo, en tanto que manifestación física, o a rechazarlo.



En muchas leyendas, estos centros son islas o montañas, tal como lo hemos señalado antes por la leyenda del Grial. El simbolismo es fácilmente comprensible: la isla se opone al agua como lo inmutable se opone a lo impermanente, el Ser al devenir, las aguas cambiando de continuo pero siendo también el elemento que sirve para la purificación y la regeneración. Así, en la EPOPEYA DE GILGAMESH, el héroe debe buscar la hierba de la inmortalidad en el fondo del océano. Igual que la montaña que, además de su configuración vertical unificadora del cielo y de la tierra, simboliza la estabilidad, lo que escapa al cambio, en cierta medida lo eterno: "Se inquebrantable como una montaña", está escrito en el Rig Veda y dirigido a todos los soberanos. Hemos evocado a Thule o Tula, sobre la que volveremos más adelante Leuky, "la Isla Blanca", cuyo nombre procede de la palabra griega "Lyké" que designa a la Luz.



Existe también el Avalon, la isla en la que, según algunos cuentos de la saga del Grial, Arturo está dormido. El nombre de esta isla nos remite a tres orígenes posibles que se complementan notablemente: de una parte, significa "manzana", que deriva del kimrico "afal", "manzana"; sería pues la isla de las manzanas; encontraremos un eco en esto del mito del Jardín de las Hespérides en donde están guardadas las manzanas de oro -que Hércules va a conquistar- que confieren la inmortalidad; o también estarán en relación con las manzanas guardadas por Idum , en la mitología nórdica, que tienen el mismo poder.



Por otra parte, Avalon, llamado también Aaballon, es similar a Abellio, Ablum, Alba, Albion, nacidos de la palabra latina "Albus", "blanco"; Avalon sería pues la "isla blanca", la "cuna de los arios", asimilada al polo y que, corresponde al Sveta-dvipa, del que ya hemos hablado, entre los budistas. En la mitología griega varias islas están situadas en el extremo norte. Ogigia, la isla de Calipso, en la que fue retenido Ulises y al que propuso la inmortalidad. Calipso es la hija de Atlas, es decir, hermana de las Hespérides, detentadoras de las manzanas de la inmortalidad. Algunos textos sitúan a Atlas en el Norte, Apolodoro ha escrito a su vez "Atlas está en pié en el país de los hiperbóreos". Las dos primeras letras de Ogigia, Og, quieren decir "joven" en celta, tal como atestigua "Tis nan Og", es decir, "la tierra de los jóvenes", isla paradisíaca. Ogyges, o también Ogigos o Ogy-gos, designan a un antiguo rey griego, bajo cuyo gobierno habría tenido lugar un diluvio anterior al que consta en el mito de Deucalión. El diluvio de Ogigia concierne con seguridad a la isla de tal nombre, la "tierra de los jóvenes", un centro hiperbóreo perdido en el curso de las eras.



Plutarco (9) sitúa la isla de Ogigia "hacia el Oeste de Europa a cinco días de navegación " (10). Los celtas sitúan Tir na n Og al "nor-oeste de Irlanda", aproximándola a Thule, de la que Estrabón (11) dice que se encuentra a seis días de navegación de Bretaña. Según Plutarco, existen asi mismo, otras tres islas, más al oeste en las que, durante el verano, las noches duran una hora apenas. En una de ellas se encuentra Cronos, el dios que reina desde la Edad de Oro. Esto es asimilable a las "cuatro islas al Norte del Mundo", de donde proceden, en la mitología céltica, las Tuatha de Danan, tal como ya hemos señalado.



En la mitología griega, se hace referencia a otra isla, Ortygia, cuyo nombre es semejante a Ogygia , en donde Leto, diosa venida del Norte, da a luz a Apolo y Artemisa. Habría mucho que decir sobre este mito, como sobre muchos otros que, en la mitología griega hacen referencia y aclaran considerablemente la influencia hiperbórea en aquella cultura y sobre la filiación auténtica de algunas corrientes que ilustraron, fuera de las alteraciones foráneas, el orfismo y el pitagorismo. Ortygia significa "isla helada" o "isla de las codornices”. En la tradición hindú, la codorniz, es uno de los símbolos de la aurora, de la luz; de la primavera en la Tradición china y, por ello, de la Edad de Oro.



Así, por este otro aspecto del mito, Apolo se relaciona con Hiperbórea una vez más. Inaugura, por su nacimiento que es, primeramente un renacimiento, un centro secundario de la tradición polar, el OMPHALOS. Es preciso señalar a este respecto que Ogygia, antes del nacímiento del dios nórdico, es un territorio desértico, infertil, desheredado y tras su nacimiento se torno en "Delos", "la brillante". Otro detalle importante: en el instante de su nacimiento, un grupo de cisnes dió siete veces la vuelta a la isla. El cisne es uno de los símbolos de la Edad de Oro, que Apolo utiliza para regresar periódicamente a Hiperbórea y del cual se sirve también Lohengrim para alcanzar su tierra originaria. La cifra siete corresponde aquí a los siete manú de los siete primeros manvantara del actual Kalpa y marcan así la relación de Apolo con el Manü primordial y los siete siguientes, de ahí su carácter polar -ya que a cada Manú le corresponde un "dvipa", una isla o un polo- y su legitimidad.



Irlanda fue colonizada por los Tuatha da Danan, extrayendo su nombre, Eire, Erin, de una diosa de estos mismos pueblos. Quiere decir, "isla verde". El paralelismo con "Groenlandia" es evidente (Groenlandia = Tierra Verde), tanto más cuanto que la tradición céltica sitúa su origen en el Norte, nor-oeste, de Irlanda. El verde es el color de la vida, de la vegetación, pero también de la iniciación y de la regeneración (12). Otro paralelismo a establecer es con el Grial, tallado, según ciertos textos, en una esmeralda, una piedra verde.



Siempre a propósito de los Tuatha de Danan, hemos dicho que sus islas originarias son cuatro, con un centro que representa la "quintaesencia (...) de los hermetistas, el elemento primordial del que proceden los otros cuatro" (13). Cada isla tenía una ciudad dirigida por un druida. Antiguamente, Irlanda era llamada "Isla de los cuatro maestres". Cuatro como los puntos cardinales, las cuatro edades de nuestro ciclo, las cuatro estaciones, es decir los elementos que simbolizan el movimiento a partir de un punto central del que hemos hablado que es inmutable, el Ser, el Uno; el eje cuya expresión más acabada (de este polo y de las cuatro direcciones) es la svástica.



Un texto chino menciona un emperador que ha invitado a "los cuatro maestres", a una isla lejana. La Irlanda mítica cuenta con cinco re¡nos. Cuatro siguiendo los puntos cardinales, siendo el quinto el central; allí había un rey supremo. Su capital es Tara, palabra que como indica René Guenon en EL REY DEL MUNDO "... significa "Estrella" y designa particularmente a la estrella polar". Este reino central es llamado "reino del mediodía", es decir, "MIDE" que procede del celta "mediom", del latín "medius" y quiere decir: "medio". El parecido con la China, llamada "Imperio medio", es concluyente. Los chinos, frecuentemente, han evocado "la vía media" que se identifica con la Vía del Cielo, con el “invariable medio". Lo que no puede explicarse más que por una fuente común de la tradición celta y de la tradición china.



Es pues en la tradición hindú donde este conocimiento y la conciencia de un origen polar, es el mejor conservado, aunque, aquí también, haría falta esperar a principios del siglo XX para que un brahman, Lokamaya bal Gangahar Tilak, explicase numerosos fragmentos de los VEDAS y del ZEND AVESTA extrayendo lógicamente la conclusión de que las condiciones descritas no eran posibles más que para las personas que habitasen en los polos o en sus inmediaciones.



La obra (10) que contiene la mayor parte de sus investigaciones es fundamental para comprender el tema que nos interesa aquí. René Guenon hizo de él una obra de consulta tal como atestigua su traductor y prologuista Jean Remy: "Este libro era conocido perfectamente por Guenon y constituía sin duda, a juzgar por su correspondencia, la principal fuente en la que se apoyaba para afirmar el origen hiperbóreo y polar de la "Tradición Primordial". Los VEDAS son los más viejos textos sagrados que poseemos. El mas antiguo, en su forma escrita, el RIG-VEDA, se remonta al 1500 a. JC. Sin embargo estas fechas no son importantes pues estos textos pertenecían a la "Shuti", es decir, a la "revelación", cuyo origen, no humano, se pierde en la noche de los tiempos.



Hubo, antes de su redacción, una larga tradición oral; precisamente uno de los trabajos de los brahmanes consistía en conservar estos textos primordiales, estas leyes de los dioses, expresión de un saber superior -en sánskrito VEDA quiere decir "saber". Estos textos son llamados "mitya", eternos, "anadí", sin comienzo, "a-purusheya", sin creación humana. En el MAHABARATA está escrito: "Los grandes rishis a los que Svayam-bhú ("aquel que ha nacido de sí mismo") ha dado la potencia, han obtenido gracias a los tapas (austeridad rel¡giosa) los Vedas y los Itihasas, que han desaparecido a fines del precedente yuga"(15).



(9)
(10) En De facie in Orbe Lunae.

(11) En Geografía.

(12) Las ocultistas hablan del rayo verde de esencia cósmica, fuente de vida para los seres puros y de desgracia para los impulsos.

(13) En "El Rey del Mundo", de R. Guenon, Gallimard, 1983.

(14) Origen Polar de la Tradición Védica, Arché, 1979.

(15) Citado por Tilak, ibidem, pag. 352.



Los rishis son los grandes sabios del inicio de nuestro ciclo que, bajo la inspiración directa de los dioses, reencuentran el conocimiento eterno, perdido a finales del ciclo precedente y que transmiten escrupulosamente. Se trata de una tradición en el sentido más estricto de la palabra (TRADO, TRADERE; entregar, transmitir) de un saber, de un conocimiento superior, divino, que escapa, por su naturaleza, al tiempo, pero que se ha perdido para los hombres, al filo de las eras. Esto concuerda con la tradición occidental en la que se afirma en los EDDAS que tras el RAGNA-ROK, los dioses supervivientes que estarán relacionados con el próximo ciclo, "encontrarán en la hierba las tablas de oro pertenecientes a los Ases" (16). Igualmente en el mito escandinavo, Balder, el dios que personifica la Edad de Oro, vuelve de Hel, la tierra helada de los infiernos, la morada de los muertos situada al norte, donde le había “enviado" su hermano Hodr, ciego y sombrío, que personifica a la noche, la Edad Sombría. Así, es preciso igualmente comprender estos versos de Séneca, extraidos de MEDEA:



"En los siglos futuros, una hora vendrá en que se descubrirá el gran secreto tragado por el océano. Se descubrirá la potente isla, Tethys, de nuevo, desvelará su misterio, y Thule, a partir de entonces, ya no será el país de la extremidad de la Tierra".



El último verso indica que el centro primordial está lejos de los hombres, cada vez más lejos en la medida en que la involución cíclica avanza, pero que al inicio del próximo ciclo, los hombres de nuevo podrán acceder a él. Esta estrofa se parece a otra extraida de los EDDAS:



"Ve emerger

una segunda vez

una tierra de las olas;

eternamente verde;

fluyendo de las cascadas

por encima planea el águila

que en las montañas

persigue al pez" (17)



Esta tradición perdida y luego reencontrada al inicio del nuevo ciclo, es el telón de fondo de las leyendas referente a un rey perdido, en letargo, una de las más antiguas forma parte de la mitología griega y se refiere a la primera edad, que se trata del sueño de Kronos (dios de la Edad de Oro). A este respecto, Tilak observa que "cada manvantara o edad tiene así su propio Veda, que no difiere de un veda antidiluviano más que por la expresión y no por el sentido y estas diferencias de expresión son debidas a la imperfección del recuerdo de los rishis (...) que reproducen, al inicio de cada era, el conocimiento que han heredado como una fé sagrada que les viene de sus ancestros del precedente kalpa" (18).



En otra obra, ORION OR RESEARCHES INTO THE ANTIQUITY OF THE VEDAS, Tilak demuestra que el Taittiriya Samhita y los Brahamanas, se refieren en algunos fragmentos al equinoccio de primavera cuando éste se encontraba en la constelación de las Pléyades, lo cual no fue posible sino hasta el 2500 a. JC. Otros textos, principalmente en los himnos del RIG VEDA, se sitúa el equinoccio de primavera en la constelación de Orion, lo que se remonta al 4.500 a. JC. Por fin otros fragmentos hacen alusión claramente a la posición de este mismo equinoccio en la constelación de "Punarvasu", lo que correspondería ¡al 6.000 a. JC!.



Pero esto no es todo, pues una atenta lectura de los textos sagrados hindúes y mazdeistas, especialmente los estimados como "más antiguos" ha persuadido a Tilak de que las condiciones a las cuales hacen referencia no podrían darse más que en una sola región de la tierra: el Polo Norte, en la región del Círculo Polar.



Veamos primeramente cuales son las características del Polo y de las regiones vecinas. Lo que sorprende ante todo al observador situado en el polo es la duración del día, la extensión de la noche, que separan albas y crepúsculos igualmente largos. Tilak cita una fuente que permite comprender este fenómeno: “El año polar se divide así: 194 días de Sol, 76 días de oscuridad, 47 días de alba y 48 de crepúsculo". Naturalmente estas duraciones son variables en función de la latitud. Más se aleja uno del polo en dirección al ecuador, más rápida es la alternancia, las albas y los crepúsculos se vuelven más cortos. Otro tanto ocurre con los días y las noches. He aquí otra característica: en el polo, el Sol, cuando se encuentra por encima de éste, no se pone por el Oeste como en todas partes, sino que parece girar en torno a un eje invisible. Y otro tanto ocurre con los de más astros.



Provistos de estos conocimientos, algunas leyendas nos parecen más claras. Esto explica el por qué los VEDAS dividían el calendario en dos grandes partes; el "Pitriyama", "camino de los padres", que va de noviembre a marzo, el "Devayana", "camino de los dioses", que va de mayo a agosto. La misma dicotomía se vuelve a encontrar en la mitología céltica, en la cual el año está separado en "Giamonios" de noviembre a abril, incluidos y "Semonios", de mayo a octubre (19). Estos calendarios no pueden ser más que polares. Hécate de Abdera describe los tliperbóreos como vivientes bajo un clima igual, con una duración anual de seis meses de día y seis de noche.



(16) Oglfaginning, pag. 52, traducción R. Boyer.

(17) Völuspa, estrofa 59. Traducción de R. Boyer.

(18) Tilak, por lo que se refiere a la ciclogia no emplea los mismos términos que Gaston Georgel.

(19) Sobre este tema Cfr. "orígenes árticos de la tradición védica", de Jean Remy, revista KADATH, pg. 34, que aporta numerosas explicaciones muy interesantes sobre el calendario celta.



En el ZEND AVESTA, a una pregunta de Yima, el primer hombre, Ahurá Mazda, el dios supremo, responde a propósito del Airyama Vaejó: "Aquí, las estrellas, la luna , el sol, no deben alzarse más que una vez al año y un año no parece ser más que un día”. Tilak recuerda una antigua costumbre India que considera que es malo morir durante el "Pitriyana", debiéndose conservar el cuerpo hasta el "Devayana", para realizar solamente en este período las ceremonias fúnebres. Aquel que moría durante el Pitriyana corría el riesgo de ser arrastrado por los demonios de la oscuridad. Tilak señala: "incluso hoy, morir durante la noche está considerado como un mal augurio, y los funerales tienen lugar generalmente despues de levantarse el día”. ¿Hay que ver en este hecho el origen de la tregua invernal de los combates en la Edad Media?.



La alusión a un año polar se manifiesta en algunos textos hindúes. "Un año de los mortales es un día y una noche de los dioses"; y esta es la división: "el día responde al paso del sol al norte y la noche a su paso al sur" (20). Este otro texto es igualmente significativo: "El día y la noche forman juntos un año para los habitantes de este lugar" (21). Tilak observa que Ushar, la diosa del amanecer, tiene gran número de himnos reservados a su devoción; himnos cuya recitación se remonta, de lejos, al tiempo que tarde el Sol en aparecer tanto en India como en Europa. Los textos sagrados dan tal importancia al alba, saludándolo como un acontecimiento extraordinario, que aparece después de un largo período de oscuridad que, con toda seguridad, no se trata en absoluto de ninguna de las albas de nuestras regiones.



En un versículo se dice que varios días separaban la aparición del alba de la del Sol. Una condición que no es realizable más que en el polo. En el Taittariya Samhita se precisa que las albas son treinta hermanas. Además se hace mención de "una sola alba que recorre treinta pases". Este alba que no termina, hasta tal punto que Indra amenaza con fulminar a la diosa de la aurora si se retrasa mucho, es sin duda el origen del mito romano de "Mater Matuta". En éste, las mujeres hacen entrar a una sirviente en el templo para luego golpearla y expulsarla al exterior. La sirviente personaliza a la aurora cuya llegada se teme que pueda retrasarse por la lentitud del Sol.



Uno de los grandes mitos de los VEDAS es el combate que opone Indra a Vritra. Se dice de éste último que "obstruía las aguas y el cielo". Además se dice que Indra ha traido al Sol y al alba después de haber matado a Vrita. Los paralelismos entre Vrita y las tinieblas son numerosos. También "la liberación de las aguas entraña la victoria de la luz, del Sol y del alba. Indra ha ganado la luz y las aguas divinas". Se trata aquí, bajo forma mitificada, de la victoria del día sobre la noche, de la luz sobre las tinieblas. Tal importancia dada a este combate puede ser el hecho de que los hombres esperen con impaciencia el retorno del Sol. El alba que dura varios días representa bien este combate grandioso de las potencias de la luz contra los demonios de las tinieblas. Es por ello que podemos concluir sin riesgo de equivocarnos que, hacia el -2500, el pueblo védico vivía en una tradición que decía que en otro tiempo los sacerdotes se impacientaban por la largura de la noche, cuyo fin no conocían y que oraban con fervor a sus divinidades pidiendo que los guiara, sanos y salvos, hasta el final de esta oscuridad. Esta descripción de la noche no puede ser aceptada más que si admitimos que se refiere a la gran noche ártica (22).



En lo que respecta a los meses, es notorio que de siete, los "Adityas" -que son las formas del Sol- se pasa a doce en los textos posteriores, donde se precisa que corresponden a los doce meses del año. Otro detalle importante es que a los siete Adityas originarios se añade un octavo, Martanda, que nació atrofiado. En el RIG VEDA, a su vez, se escribe: "... He recurrido a Martanda para que naciera y muriese de nuevo". Lo que indica que no es estable, que en él hay una parte de Sol; pero también otra de sombra. Descripción que se refiere a la vez al alba -nacimiento- y al crepúsculo -muerte-. Los siete adityas son los siete meses de luz. Se dice igualmente que los caballos que tiran el carro del Sol son siete: en otros textos son nueve; en otros diez. Esto equivale a diferencias de latitud ya que todos los hiperbóreos no habitaban evidentemente sobre el polo Norte, en la misma latitud.



Puede ocurrir igualmente que estos textos hayan sido formados en un momento de descenso hacia el Sur donde el Sol estaba presente durante nuevo o diez meses, incluso bajo forma ligeramente al ternada. El antiguo calendario romano no contaba más que diez meses, Plutarco atribuye el añadido de los dos meses restantes a Numa (en torno a los siglos VIII y VII a. de JC): "Numerosos son los que sostendrán que los dos meses de Enero y Febrero fueron añadidos por Nuña (...)". Y más adelante firma: "El año romano no comprendía inicialmente mas que diez meses, y no doce; una prueba de ello es que el último mes que llamarnos diciembre, significa el que hace diez o décimo mes..." (23).



Según Indra, los gemelos "Ashvins" luchan también por el retorno del Sol. Sin embargo parecen inicialmente ligados a la regeneración que acompaña el retorno de la luz. Es en este sentido que es preciso igualmente comprender la liberación de las aguas celestes -DIVYAH APAH- por la muerte de Vrita; las aguas tienen el mismo origen divino. Así se encuentra igualmente esclarecida la frase: "La revolución está hecha", pronunciada tras la muerte del dragón gigante. Los gemelos regeneran Chyavana, viejo y decrépito, dándole la juventud, al igual que el viejo Kali. Salvan a Bhujyu, abandonada en el océano tenebroso. Extraen una codorniz de la mandíbula del lobo (simbolizando la codorniz a la aurora, la primavera, como ya hemos visto). Tema éste próximo al de Fenrir mordiendo a Odín, salvo que en esta ocasión se trata de un temor relativo al crepúsculo.



Otro de los poderes de los Ashvins les confiere una función de sanadores, pero estas curaciones suponen siempre regeneraciones: palidez, esterilidad, inmovilidad por causa de una enfermedad, enfermedades inherentes a un período oscuro (en los cuentos del Grial se encuentran mitos idénticos), que afluyen a los que han perdido el contacto con la luz divina. Otras leyendas se refieren manifiestamente a un habitat polar. Así, la relativa a los "tres pasos de Visnhú", de los que dos son visibles mientras que el tercero no lo es, corresponden a un año de ocho meses dé luz y cuatro de oscuridad. El lazo entre el primer paso y el levantarse del Sol se muestra evidente en esta frase que dirige Indra, cuando va a matar a Vrta, a Visnhú: "iOH amigo¡ franquea el espacio". Siempre a propósito de Visnhú, se dice que éste tiene otro nombre, pero que es vergonzoso y peyorativo. "Shipivashta", evocando el tiempo en que Visnhú debe revestirse de una armadura sombría para combatir a los demonios y no aparece bajo s u aspecto luminoso. Este nombre equivale al tercer paso que franquea el mundo tenebroso, la noche y que carece del carácter luminoso de los otros.



Otras leyendas revelan circunstancias similares. Así la historia de "Trita Aptya" (RIG VEDA) en la cual dos hermanos se unen para expulsar a un tercero y lanzarlo a una fosa umbría, de la que sale Brihaspati, una de las encarnaciones de la luz cuyos éxitos son frecuentemente parecidos a los de lndra... También se reencuentra la tripartición en la leyenda de los tres pasos de Visnhú, uno de los cuales tiene lugar en la penumbra.



En el AVESTA -"Vendidad", "Fargard"- se precisa que el Airyana Vaejo conoce siete meses de verano y cinco meses de invierno. Lo cual es idéntico a los siete meses representados por los siete Adityas, de algunos textos védicos mencionados anteriormente. Otros fragmentos del Avesta indican que había diez meses de verano y dos de invierno. Esto no es incompatible: todo depende, una vez más, de la latitud, como ya hemos subrayado. Los hiperbóreos no tenían todos el mismo número de días de Sol. "Entre el polo Norte y el círculo ártico, el sol se encuentra por encima del horizonte durante un tiempo variable, comprendido entre los siete y los diez meses, según la latitud del lugar", señala Tilak. Lo que explica que el Sol tenga en algunas leyendas siete rayos y en otras diez.



Reminiscencias polares son perceptibles en las mitologías europeas, aparte de las que ya hemos señalado. En la mitología griega, Perséfone es secuestrada por Nades que la mantiene seis meses a su lado y pasa los seis restantes con su madre Démeter. Algunas leyendas la hacen quedar solo cuatro meses junto al dios de los infiernos, lo cual concuerda con los estractos de los textos hindúes anteriormente citados. Esta misma mitología nos ofrece numerosas alusiones a un pasado ártico que convendría analizar si esto no exigiera amplios desarrollos.



Una de las razones de la hostilidad de Gaia, la Tierra, hacia Urano, el Cielo, viene de que intentaba movilizar a ciertos monstruos nacidos de su unión en las profundidades de la tierra. Estos monstruos son particularmente las "Hecatonquiras", cuya principal particularidad es tener cien brazos. Los cien brazos corresponden a los cien días de una noche ártica. Es notable que estos monstruos sean encargados de guardar las encarnaciones de la Edad de oro. Así, Kronos, el dios de la primera edad, es guardado, en su isla, por Briare, que posee cien brazos. Las Hespérides, guardianas de las manzanas de oro, son igualmente vigiladas por un monstruo de cien brazos. Los VEDAS dicen que Indra ha debido destruir las cien fortalezas (ochenta en otros textos), fortalezas -llamadas PURAN- de Urita. PURAN se emplea también como DIA. Así Indra destruye los cien días sombríos, fortalezas tenebrosas, de Vrita.



En el mismo orden de ideas se sitúa la leyenda escandinava en la cual Frey, el dios de la fertilidad -es en esto idéntico a Démeter- es libre de ausentarse sesenta y cinco días del lecho nupcial, pero imperativamente debe permanecer en él los otros trescientos días del año. Tilak establece un paralelismo entre los nueve pasos atrás de Thor, en la batalla que cierra el RagnaRok, tras haber matado a la serpiente gigante Jormungand, antes de morir, y los nueve meses de claridad. El mito de Balder tiene un sentido aún más netamente polar. El dios rubio representa incontestablemente a la estación luminosa, su muerte marca el principio del crepúsculo, coincidiendo su regreso con la nueva edad de Oro. Es vengado por Vali, hipóstasis de Odín, de quien se dice que entonces tenía la edad de una noche, es decir, que se identifica con la aurora.



En la mitología céltica Mac Oc, "hijo joven”, hijo de Dajda, es concebido durante la mañana, naciendo por la tarde. Lo cual representa un día de nueve meses. Una leyenda eslava reagrupa a la vez la relativa a los "tres pasos de Visnhú" y la de la muerte de Vrita. En esta, una vieja pareja tenía tres hijos, dos que tienen espíritu y otro que está desprovisto de él. Este último, sin embargo, mata a una gigantesca serpiente que obstruía la luz, permitiéndole extenderse por el país.



Los ejemplos abundan. Numerosas leyendas pueden, ser comprendidas gracias a explicaciones que tengan en cuenta los orígenes árticos. Dumezil ha demostrado (24) la similitud entre la fiesta romana de "Divalia" o "Angero palia", el 21 de diciembre y algunas leyendas hindúes relativas al retorno del Sol. Plutarco pretendía que los frigios creían que su dios principal dormía durante el invierno. Según el mismo autor, los paflagonios - la Paflagonia está situada al norte de la actual Turquía - creían que los dioses eran encerrados durante el invierno y liberados en verano (25).



(20) "manu", I, 6-7.

(21) Vanaparvan, en el Mahabarata.

(22) TILAK, op. cit., pag. 122.

(23) Cfr. Vidas Paralelas.

(24) En "Dioses latinos y mitos védicos". Latinus, Bruselas.

(25) Esta idea refleja, sin embargo, una concepción demetríaca de la divinidad ya que sigue el ciclo de las estaciones, no escapa a él y, por consiguiente, no está por encima del tiempo, ligada a lo inmutable.



HIPERBOREA

Los relatos de largos viajes, la nostalgia de un continente, de una tierra, paraiso perdido, la situación polar de esta, todo ello deja perplejo a aquel que observando un mapa mundi no ve, en el lugar del pretendido paraiso, más que una impresionante costra de hielo. Si hoy, el Norte es sinónimo de gran frío, no ocurrió siempre lo mismo. Paul Emile Victor ha recogido, en B0REAL, viejas leyendas esquimales que cuentan que "en unos tiempos muy antiguos, Groenlandia no estaba cubierta de hielo como hoy. Habían grandes árboles y plantas, y allí hacía mucho calor. El país no se cubrió de hielo más que cuando dos inviernos se sucedieron sin que mediara un verano entre ellos y es desde ese tiempo memorable cuando Groenlandia pasó a ser un país frío (...)”.



Se han encontrado, un poco por todas partes, fósiles de helechos arborescentes que muestran que Groenlandia tuvo, hace largo tiempo, una vegetación y un clima análogos a los del bosque virgen. Huellas parecidas de vegetales para los países cálidos han sido encontrados en Spitzberg. La mención de dos inviernos sin interrupción no está carente de interés. En los EDDAS se habla del tristemente célebre "Fimbulver" que duró tres inviernos seguidos. El AVESTA señala también varios inviernos que se sucedieron sin interrupción. Puede pensarse que esta glaciación fué rápida si consideramos a los mamuts congelados en muy poco tiempo, ya que su cuerpo no llegó a descomponerse y fueron encontrados intactos en el Norte de Siberia, cerca del océano glaciar ártico y de los diferentes mares que lo componen. Sin embargo, por lo que se refiere a Groenlandia, la parte Sur de esta isla siguió siendo habitable hasta un período relativamente reciente, prosperando allí una colonia vikinga hasta el siglo XIV, fecha en la cual un enfriamiento climático la hizo desaparecer.



En lo que respecta a la cronología, Tilak avanza que Hiperbórea, es decir, las regiones polares, debió estar poblado durante el último período interglaciar, es decir, entre el –80.000 y el -8000. Por lo que respecta a su emplazamiento, ya hemos visto que su territorio estaba extendido en latitud ya que algunos disponían de siete meses de sol, otros de diez, lo que corresponde, tal como hemos dicho, al espacio situado entre el polo Norte y el círculo polar ártico y que es, pues, considerable. Por el contrario, es más difícil situar en la longitud a Hiperbórea. Su situación polar la hace cabalgar entre varios continentes. Si uno se fía de los ejes de dispersión, entonces Hiperbórea está comprendida entre Groenlandia, incluida y lo que hoy llamamos "Tierras del Norte". Lo cual comprende: Groenlandia, Islandia (su límite Sur), la Isla de San Mayen, Spitzberg, isla de los Osos, la Tierra de Francisco José, Nueva Zembla, los puntos norte del continente euroasiático, las Tierras del Norte. Gaston Georgel (26) ha trazado una curva que une a Ur (en Caldea), Atenas, París, que pasa igualmente por el centro de Irlanda y, en otro sentido, por Lhassa (Tibet) y Pekin. El polo de este círculo se sitúa aproximadamente en la península de los Samoyedos -península de lamal en la desembocadura del río Ob- que desemboca en el mar de Kara, al Norte de los Urales.



Georgel ha reproducido una información de 1935, procedente de la URSS, según la cual excavaciones efectuadas en la península en cuestión habrían permitido descubrir huella de un pueblo extremadamente denso en una región que cuenta actualmente, como media, con uno o dos habitantes por km cuadrado. Los celtas decían venir del Nor-oeste, lo que sitúa su tierra originaria en las proximidades de Groenlandia e Islandia, en longitud. Las leyendas relativas a los "cuatro reinos" evocadas anteriormente, indican que Hiperbórea, comprendía varias tierras, varias islas. Además debía tener un centro, situado en el polo o cerca de él, sede del poder supremo. Los Celtas descendían ciertamente de una isla o de una tierra situada al Oeste de Hiperbórea, en las regiones mencionadas y que, por su situación; influyó directamente sobre la Atlántida. Tal como señaló Guenon, los celtas o más bien, sus antepasados, fueron el punto de unión entre la Atlántida e Hiperbórea.



El centro del continente polar, la tierra media, era ciertamente lo que los griegos llamaban Thule, y los Toltecas, Tula, mientras que los celtas, a su vez, la llamaban Tara (27), capital del reino medio. Tula, en sánscrito, significa "balanza" (28). "Libra" (la balanza) era igualmente el nombre de la constelación a la que pertenece la Osa Mayor, que siempre ha sido asimilada al polo Norte (29), pues sobre ella se encuentra la estrella polar. La Osa Mayor y la Menor fueron llamadas igualmente los dos platillos de una balanza cuyo centro era, evidentemente, la estrella polar. La balanza es el símbolo de la justicia que tiene relación con la Edad de Oro, considerado como un período eminentemente de paz y justicia.



Según la mitología greco-latina, Astraia, hija de Zeus y de Temis (la Ley), encarnando a la justicia, permanecía entre los hombres en la Edad de Oro (30). La Osa Mayor es también según los hindúes, la morada de los siete rishis que, en el alba de nuestro ciclo, reencontraron el conocimiento supremo y lo difundirán. Thula o Thule, o también Tollan, es llamada igualmente la "Isla Blanca" o "Tierra del Sol". Estas diferentes denominaciones indican el centro primordial de nuestro ciclo, que sirvió dé modelo, en la medida en que el descenso cíclico, como veremos, fue avanzando, en los diferentes centros de los pueblos nacidos de Hiperbórea o influenciados por la Tradición polar.



Por lo que se refiere a la población es incontestable que la región polar estuvo habitada por pueblos blancos. Sin embargo, no es igualmente imposible que, bajo otras longitudes próximas al círculo polar, pueblos amarillos hayan estado presentes en las regiones septentrionales, en estrecho contacto con los pueblos blancos hiperbóreos. Esto explicaría muchos rasgos comunes, referencias simbólicas idénticas, la designación del Norte entre los chinos como tierra de origen de sus ancestros, etc. Ciertas costumbres de la antigua China atestiguan esta alta consideración e incluso veneración, hacia el Norte. A esta dirección los chinos asocian la tortuga, que les servía de intermediario frente al cielo. Cuando un rey reunía a sus vasallos, nadie más que él debía situarse en el Norte frente al Sur. Tal como señala Marcel Granet (31), "el Cielo es como la estancia de las potencias de orden moral que dan fuerza a las imprecaciones: "Detendré a estos calumniadores - los lanzaré a los lobos y a los tigres (animales del Norte) - si los lobos y los tigres no los devoran - los entregaré a los señores del Norte. Si los señores del Norte no los detienen - los entregaré a los señores del Cielo (augusto)".



El Norte es la región más próxima al cielo para los amarillos y, por ello, la más próxima a la sabiduría divina. Otro signo de los lazos que existieron entre los hiperbóreos y los pueblos amarillos es la svástika grabada en el anillo de Gengis Khan; se trataba aquí, de alguna manera, de una legitimación por el Norte y por el Cielo.



Otro paralelismo muy interesante, sin que pueda establecerse ninguna conclusión, es el realizado por Vladimir Georgiev, especialista en temas indo-europeos, entre estos y los pueblos chinos: "El indo-europeo antiguo y el proto-indoeuropeo, han durado aproximadamente una quincena de miles de años, desde el fin del paleolitico. Durante este período el idioma indo-europeo ha sido univocálico y monosilábico y no ha tenido ninguna morfología (...) Este estadio del indo-europeo se asemeja mucho al chino, grosso modo, en donde la mayor parte de las palabras son monosilábicas y la morfología está ausente" (32). Un poco más adelante, volveremos sobre estos temas pues las interferencias han podido ser ulteriores al habitat polar y haber tenido, pues lugar durante el declive cíclico.



El término hiperbóreo es relativamente reciente. Nos viene del griego y quiere decir "más allá del viento de Borea", siendo este el dios de los vientos del Norte -Boreas, en griego, equivale a Norte-, más que una vaga dirección. A propósito de éste dios, es preciso notar que, a menudo está representado de manera idéntica a Jano: con dos rostros, lo que lo une a la primera edad y abre interesantes perspectivas. Borea es hijo de la aurora, es él quien está encargado por Zeus de ocuparse del nacimiento de Leto. Pero volvamos al término "hiperbóreo". Algunos autores (33) lo hacen derivar del sueco "Yferboren", "nacidos del hada", lo que, sobre el plano simbólico, está lejos de ser falso pero es mucho más dudoso sobre el plano de la filiación lingüística. El término más antiguo que se conoce para nombrar a los hombres procedentes del Artico es ARYA, ARI, ARIYAS, en la tradición budista, AIRYA en la tradición avéstica, que parecen haber derivado de ARIA.



Posee dos connotaciones principales que son los dos aspectos de un mismo principio. Uno espiritual, e incluso metafísico, el otro físico. La palabra ARYA significa "noble", "sublime", "nacido dos veces", es decir, habiendo sufrido una iniciación, siendo el segundo nacimiento el del espíritu. Descomponiendo este término puede apreciarse que está formado por dos partes: AR y YA, en sánscrito quiere decir "adaptar". Los arios son los que se adaptan a las nuevas condiciones de vida. Uno de los sentidos de ARI (34), similar a ARYA, es 'extranjero", lo que explica el por qué de la adaptación. Otro sentido frecuentemente empleado es: "aquel que hace sacrificios, que prepara el soma". Papel fundamental, el Arya es aquí el sacerdote o el noble, unicos autorizados a realizar sacrificios, quienes tienen un contacto privilegiado con los dioses. Otro sentido de ARYA como epíteto a algunos dioses, especialmente a los que encarnan la luz, el Sol, Mithra, Varuna, Indra, Agni, Savitar... son ARYAS. Comprendidos en esta concepción, se oponen a los Dasa tenebrosos.



Los Aryas representan pues el cielo, la Luz, el Sol. Son extranjeros, vienen de otra parte, del Norte. Combaten a las fuerzas sombrías, forman una milicia celeste, solar. Existe igualmente una diferenciación racial entre kis aruis y los pueblos de piel sombría, DASA-VARNA ("de color oscuro") que, en la India, fue el sustrato dravídico. En efecto, ARI hace referencia igualmente a una comunidad étnica, a un tipo de hombre específico; es sinónimo, al igual que ARYA, de "pertenencia al mundo ario". Los Tokharianos se llaman a sí mismos, los ARCI, es decir, "los blancos". Indra es llamado HARI-YAKA (es decir, "el rubio", "el de la cabellera de oro”).



AR tiene igualmente el sentido de original, de primordial, es próximo a la palabra UR, OUR, que, por derivación, ha dado origen a Ouranos o Uranos, el antepasado de todos los dioses griegos. La runa AR tiene un significado solar, luminoso. Su animal. El águila, es el portador del rayo celeste. Esta ligado al norte y a la realeza solar. Según los bestiarios de la Edad Media, posee el poder de regenerarse, de volverse joven a imagen del sol tras la travesía invernal. La sabiduría, la belleza, las virtudes, la fé, la gloria y el honor son las cualidades que se le relacionan. Es la runa del jefe. Uno de los sonidos que le es atribuido es JAR, forma casi idéntica a JARL, "Señor", "noble", lo que equivale a ARIO.



Las dos últimas letras, Y y A, son igualmente reveladoras. Y equivale a la runa de la vida, ligada también a la luz original y que se encuentra igualmente en el nombre del primer hombre según los hindúes (Yama), en el Yima iranio y en el Ymir nórdico. Es igualmente interesante constatar que los sonidos asociados a éste son: MAN, MEN, etc. que se encuentran en la raíz de las palabras: MANUS, primer legislador en la mitología germánica; MANU, legislador e impulsor de nuestros Manvantara; MINOS, entre los cretenses; MENES en Egipto; NUMA entre los romanis. En griego MENOS quiere decir: vida, fuerza vital. Uno de los centros del descenso cíclico es la isla de Man, desde donde los sacerdotes de lo que resta de las religiones de la antiguedad, residuales en relación al conocimiento hiperbóreo, se llaman WITCHES, que habitualmente se traduce como "brujos", pero que, para lo que nos interesa aquí, procede del alemán WISSEN,"saber", origen de la palabra druida: DUR-WID-ES, "los muy sabios" (35).



René Guenon (36) ha establecido un lazo entre la svástica, símbolo del polo, la letra G, símbolo de la estrella polar para los franc-masones y una forma idéntica a Ya: lah, "símbolo (la svástica, NDA) , como es también la letra G, de la estrella polar, que es ella misma el símbolo y, para el masón operativo, la sede efectiva del sol central oculto del universo, lah”.



(26) En "Las cuatro edades de la humanidad", Arché, 1976.

(27) Por lo demás no existe gran diferencia entre Tara y Tula. En sáscrito TARANI significa "el Sol".

(28) Cfr."El Rey del Mundo", op. cit.

(29) Ver Guenon: "Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada".Ed. Losada, 1976.

(30) Ver "El símbolo polar - el Señor de Paz y Justicia", de J. Evola, en "Revuelta contra el mundo moderno", Ed. Mediterreneas. Roma.

(31) "La religión de los chinos", Imago/Patite. Biblioteca Payot. 1.980.

(32) "El aspecto nuevo del verbo indo-europeo", en Estudios IndoEuropeos, n4 3, nov. 1982.

(33) Ver "Los archivos de lo insólito". J.L. Bernard. Editions du Dauphin, 1971.

(34) "Los dioses soberanos de los indo-europeos", de Georges Dumezil. Gallimard, 1977.

(35) Cfr. Los Druidas, de F. le Roux, Ogam Celtiam, 1983.

(36) René Guenon,, en "La Gran Triada", Ed. Obelisco, 1984.



Estas letras se encuentran también en Yahweho, lahweh, ybi de kis oruneris nombres de dios en la Tradición hebraica. Esto se encuentra próximo al hebreo |OD. A este respecto Guenon precisa: "Ya que hemos sido llevados a hablar de la letra G, diremos que ésta debía ser, en realidad la |OD hebrea, a la que sustituyó, en Inglaterra a travpes de una asimilación fonética de O|D en GOD, lo que, por otra parte, no cambia el sentido". Y un poco más adelante: "Es ahora fácil comprender lo que esto significa: que se trata del |OD hebreo o del chino (en China la estrella polar tiene por nombre "Tal-I" , que quiere decir, la gran unidad, NDA), este primer "Nombre de Dios", que era también, según toda verosimilitud, su nombre secreto entre los Fieles de Amor y que no es otra cosa, en definitiva, que la expresión misma de la unidad principal" (37).



Estos diferentes aspectos pueden haber parecido excesivamente amplios, pero es interesante ver una parte de las numerosas implicaciones contenidas en la palabra ARYA. Tras lo cual, adopta diversas connotaciones para aclarar nuestra investigación. Eran extranjeros en las tierras que ocuparon y en las que sus descendientes ocupan hoy. Antes estaban próximos a los dioses, vivían en una civilización tradicional, en el sentido guenoniano y evoliano del término. Eran blancos. Han debido medirse y combatir con otras razas y otras formas de espiritualidad. Han salido del Norte y de la Edad de Oro.



Hiperbórea es, a la vez, un lugar geográfico y una realidad espiritual específica, lo que es normal en el mundo de la Tradición en donde todo está relacionado y en el cual el espíritu divino se encarna en la materia y la modela a su imagen, y no, como hoy, donde la materia es dejada a sí misma, no teniendo otro dueño más que su propia naturaleza con todas las consecuencias funestas que esto implica. Hiperbórea corresponde a un período edénico, a la Edad de Oro de nuestro ciclo, periodo idealizado por los autores de la Antiguedad, por lo que se refiere a Europa; lo que no ayuda en absoluto a los investigadores, pues describen una tierra perdida en función de sus condiciones particulares, es decir, circunstanciales, no viendo más que lo que había de diferente en relación a sus preocupaciones y no a lo que era específico.



Así mismo, además, la equivocación principal de la opinión contemporánea a este respecto, debido a un egocentrismo hipertrofiado, es el imaginar a la Edad de Oro en función de las características de la edad actual. Sin embargo, en ningún caso Hiperbórea corresponde a una edad de pereza, o de "dolce fare niente", de los placeres o del hedonismo, de la facilidad, del triunfo del individualismo tanto como del triunfo de las masas, la edad de los caprichos realizados, del estómago constantemente lleno, o del confort absoluto. No existe ningún punto en común entre esta visión típicamente moderna e Involutiva de la vida y la verdadera Edad de Oro. Si las condiciones exteriores de ésta eran muy agradables, es preciso ver en ello una consecuencia fundamentalmente secundaria y no una condición y característica primaria.



De hecho, desde el punto de vista de un individuo moderno, y sobre todo modernista, viviendo plenamente los principios que regentan el mundo actual y creyendo firmemente en ellos, la Edad de Oro de la Tradición no corresponde, en absoluto, a ningún "paraiso". La Edad de Oro que desearía corresponde a la Edad Sombría de la Tradición. Para nosotros que estamos próximos a la desembocadura de la Edad Sombría, existe un método de aproximación a Hiperbórea mediante la imaginación, con todos los límites que es preciso tener presentes, gracias a la doctrina de los ciclos. En efecto, si uno se fía del desenvolvimiento de los ciclos y del posicionamiento de cada uno de ellos en relación a los otros, la Edad Sombría es lo inverso de la Edad de Oro, el mundo moderno lo opuesto al mundo hiperbóreo (38).



Dos polos opuestos tienen esto en común, el aspecto más exterior, y por el contrario, uno es positivo -la Edad de Oro-, el otro negativo -la Edad Sombría. Lo que está mucho mejor expresado en una leyenda cosmogónica finlandesa en la cual dios, antes de la creación, percibiendo su imagen en el mar, le dice: "¡Levántate¡". La imagen que ve representa al diablo.



Tomemos algunos ejemplos para ilustrar esto. Durante la Edad de Oro, según los hindúes, no existía más que una casta llamada HAMSA. Constatamos todos los días, primeramente, que el mundo moderno tiende a reducir la sociedad a una sola clase, pero consideraremos las diferencias entre casta y clase. Por el aspecto exterior puede existir algo de similitud. Pero, en realidad, lo que existe es una oposición total, de la misma forma que los dos polos están invertidos uno respecto al otro. HAMSA hace referencia a una unidad espiritual que contiene a todas las potencialidades, efectuándose esta por "lo alto", por el espíritu. La clase única es la uniformización "por lo bajo", por la materia, sin ninguna potencialidad. La diferencia es total, radical. lgualmente, la sociedad de la abundancia (39) se pretende paradisfaca. De hecho, todos los individuos son prisioneros de la materia y son lo opuesto de la verdadera libertad, que es realización espiritual tendiente a alcanzar lo incondicionado.



La artificialidad da un aspecto ultrabrillante, un brillo destelleante, pero no se trata más que de cadenas y servilismos, falsos rostros, bajezas y mentiras. Es posible diferenciar la Edad de Oro y la Edad Sombría por dos palabras: Ser y Tener. El mundo de la Tradición es el del Ser: La Edad de Oro es llamada "Satya yuga", la edad de la verdad, del ser, por los hindúes. La raíz SAT, se encuentra en Saturno, dios de la Edad de Oro, según los latinos. El mundo actual es el del Tener. Este último, llevado al máximo, como hoy, ofrece una impresión de Ser, gracias a la omnipresencia de la artificialidad, pero no es más que una brillante cáscara vacía.



Por el contrario, el Ser, abierto y triunfante, no tiene nada que ver con el querer que es su parodia. Esto explica que remontando el tiempo, las huellas, restos arquitectónicos y demás, sean cada vez menos numerosos. Por el contrario, los que existen desafían al tiempo, pues están impregnados por el Ser, del que lo propio, a la inversa del Tener, es no ser afectado por el tiempo. Es también por lo que investigaciones arqueológicas, si fueran realizables -lo cual no es el caso- darían a los ojos de los modernos, resultados decepcionantes sobre los hiperbóreos, en tanto que su fuerza residía en ellos y no en el exterior. Tradiciones, como la céltica, han sido en gran parte perdidas por esta razón, pues eran orales. Los textos sagrados que poseemos hoy han sido escritos, en su gran mayoría, a partir del Siglo VI a. de J.C. Anteriormente la idea habría sido estimada peligrosa e inútil, la memoria perfectamente entrenada valía por numerosos volúmenes en un plano estrictamente cuantitativo y siendo incomparablemente superior sobre el plano cualitativo del conocimiento. Se dice, en la tradición hindú, que los textos sagrados son inmemoriales. Es revelador que el paso a la forma escrita, luego a las exégesis que han seguido, coincida con una caída, una degeneración del conocimiento, del espíritu (40).



Tras estas diversas aclaraciones, distinguimos algunos rasgos característicos de la Edad de Oro hiperbórea. El clima primeramente. No existe más que una estación que tiene las características de una eterna primavera, en la que "los tranquilos céliros acariciaban con su aire tibio las flores nacidas sin simiente" (41). El autor latino indica, por el contrario, que, desde la Edad de Plata "los hombres, se refugiaron en sus moradas" pues "Júpiter (...) ordenó en cuatro estaciones el curso del año" que, luego, es tal como lo conocemos. Una de las consecuencias de este clima ideal es que la tierra ofrece todo lo que los hombres tienen necesidad para alimentarse. "La tierra misma, también, libre de toda violencia, sin conocer el filo del arado, ignorando la herida de la grada, daba, sin ser solicitada, todos sus frutos; satisfechos por los alimentos producidos sin ningún esfuerzo, los hombres recogían las bayas de los arbustos y las fresas salvajes (...), los frutos caían de los árboles donados por Júpiter" (42).



"(...) Incluso la tierra, sin la intervención dé los útiles de labranza, se cubría de mieses, y el campo, sin ningún mantenimiento relucía de espigas; era la edad en que discurrían ríos de leche, ríos de néctar y de rubia miel, gota a gota, caían de la verde encina" (43). Virgilio aporta elementos análogos, "Antes de Júpiter, ningún trabajador trabajaba la tierra: hubiera sido sacrílego incluso roturar los campos o partirlos con lindes; todo beneficio se ponía al servicio de lo común y, por sí misma, la tierra producía todo con tanta más liberalidad cuando que nadie la solicitaba (...)" (44). Consecuencia de esta abundancia y del clima, los hiperbóreos no tenían casas: vivían en campos y bosques sagrados.



(37) Guenon, bidem, ver también "Símbolos fundamentales..." (op. Cit.) y "El Rey del mundo", op. cit.

(38) Un ejemplo revelador de esta inversión es este absurdo, que intenta erigirse en ley implícita, según el cual nuestro origen estaría en África, es decir, no más al Norte, sino más al Sur. Esta voluntad es idéntica a la que, en el mundo científico, intenta a cualquier precio buscar el antepasado común a toda la humanidad. Es risible observar como los extremos de huesos presentados a este efecto, no tienen nada de humano. Sobre este tema cfr. "Contra Darwin" Equipo Totalité, Ed. Alternativa. Barcelona, 1984.

(39) Cfr. El sistema para mater pueblos". Copernic, 1981.

(40) Sobre uno de los resultados de esto cfr. J. Evola "El Arco y la maza”, cap. I, “Civilización del espacio y civilización del tiempo”, Pardes, 1984.

(41) “Las Metamorfosis”, libro 1º.

(42) Ovidio, idibem.

(43) Los antiguos pensaban que la miel era un rocio celeste que las abejas iban a buscar sobre las hojas de los árboles.

(44) “Geórgicas”, libro 1.



Por lo que se refiere a la nutrición eran vegetarianos, como queda perfectamente precisado en esta frase: "Esta edad antigua, a la que hemos dado el nombre de edad de oro, hacía sus delicias de los frutos de los árboles, de las plantas que alimentaba el sol y el hombre no sorbía sangre por su boca" (45). Por esta abstinencia de carne y gracias a su pureza, los hiperbóreos hablaban a los animales, tal como constata Platón: "... Si los alimentados por Cronos, con tanto placer y facilidades para mantener conversaciones, no solo con los hombres, sino también con las bestias, tan bien como entre ellos, e interrogando a todas las criaturas para ver si existía una más felizmente dotada, que vino a enriquecer de un descubrimiento original el tesoro común de sapiencia, está tentado de juzgar que aquellos de entonces superaban infinitamente en felicidad a los del presente". (45)



Ovidio observa que en estos tiempos , "los pájaros sin riesgo, batían el aire con sus alas, la liebre, sin temor, vagaba en medio de la hierba, el pez no era ya víctima de su credulidad, cogido en la red. En todas partes, sin que se tuviera que temer trampas o engaños, reinaba la paz" (47). Huellas de una época en que el entendimiento y un diálogo con los animales eran constantes, están presenten también en la Biblia. Una tradición china igualmente afirma que "los genios viven, en el para¡so, mezclados con las bestias. Los santos buscan y saben obtener la familiaridad de los animales" (48).



Hemos precisado antes que los países situados en el extremo Norte (Groenlandia, Spitzberg, etc.) han conocido climas casi ecuatoriales. Poseían magnolias, laurel, higueras, trigo, gramíneas alimenticias, espinacas, etc (49). Es probable que cuando la última glaciación, mientras que España estaba en parte cubierta de hielo, la región polar, conociera el clima descrito por los autores antiguos. Algunos científicos se han planteado el siguiente problema, insoluble para ellos: "Por qué los glaciares de Europa en la época de las glaciaciones, han cubierto la mayor parte del viejo continente y del Norte de América, mientras que el Norte de Asia no se vió afectada por los hielos? En América la capa de hielo se extendió hasta los 40° de latitud, e incluso superó este límite. En Europa alcanzó los 50º de latitud, mientras que el Norte de Siberia (norte/nor-este) más allá del círculo polar y más allá incluso de los 75° de latitud, no estaba en absoluto cubierta por hielos eternos" (50). Sea como fuere, es necesario constatar que en el curso de los tiempos los climas de la Tierra han sufrido importantes variaciones según las regiones. Allí donde hoy florecen bosques abundantes, ayer existieron desiertos helados. Allí donde se encuentran hoy bancos de hielo, antes existían paraísos verdes y prósperos (51).



Los textos antiguos subrayan e insisten frecuentemente en la longevidad excepcional de los hombres de la primera edad. Se encuentra esto en la Biblia, donde se escribe que Adán ha vivido novecientos treinta años. Una tradición china dice: "Fatigados del mundo, tras mil años de vida, los hombres supremos se elevan al rango de genios y, encima de una nieve blanca, alcanzan la estancia del soberano de las alturas". Hesiodo describe en estos términos la longevidad de entonces: "Los hombres vivían como los dioses (..,), la vejez miserable no pesaba sobre ellos (...), Muriendo parecían sucumbir al sueño" (52). Otra leyenda refiere que los hiperbóreos, el último día de su larga existencia, mueren precipitándose sobre las olas (53) desde lo alto de un acantilado. Son "hombres por en

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