Reino Visigodo

domingo, 13 de mayo de 2007

El ciclo de la naturaleza

El año celta no tiene principio ni fin, sino que sigue los ritmos de la naturaleza en un interminable círculo. Los cambios más evidentes en la naturaleza son los hitos del calendario celta. Cada estación tiene un festival propio que conmemora un momento del año agrícola. Durante esas festividades las fronteras que separan el mundo natural del sobrenatural desaparecen, y los habitantes fantasmales del Otro Mundo se abren paso hasta llegar al reino de los vivos.

DOS CARAS: CRECIMIENTO Y DECADENCIA
La naturaleza no sólo da la vida: también la quita. Los dos aspectos aparecen estrechamente unidos, ya que nada puede florecer ni curarse sin destrucción: Por eso la tradición celta asocia animales poderosos y fieros con diosas delicadas. En el continente europeo, Artio, la serena diosa de los bosques, es la patrona de los osos, mientras que la protectora de los jabalíes es Arduinna, una deidad que siempre lleva un cuchillo de caza y que cabalga sobre el animal como si fuera un potro domado. Las dos encarnan la paradoja de la vida y la muerte en mutua colusión, pues ambas protegen a cazadores y cazados.

La naturaleza solo puede liberar su fuerza regeneradora conteniendo su potencial destructivo a través de intermediarios como los dioses de la naturaleza o sus equivalentes humanos: druidas y sanadores. Algunos doctores de los reyes y señores escoceses obtuvieron sus poderes sanadores ingiriendo un salmón mágico. Una historia bretona narra cómo al comer una serpiente mágica una persona recibió poderes extraordinarios, incluyendo el de curar enfermedades. Un joven vive en la casa de cierta mujer, sin saber que ella es una bruja. Un día ese muchacho mata una serpiente blanca porque ella se lo ha pedido. La mujer mete la serpiente en un caldero para hacer sopa. El joven, hambriento, se sirve una ración de sopa sin sospechar nada, y después de comer se da cuenta de que repentinamente ha adquirido grandes poderes: habla la lengua de los pájaros, puede usar artes mágicas y sabe curar con hierbas medicinales. También se entera de la verdadera identidad de la dueña de la casa. Después se produce una competición entre la bruja y el joven mago, en la que ambos pugnan por ver quien tiene más poder.

En un mundo al que aún no habían llegado las hipótesis científicas, las plantas y los animales constituían una fuente de magia. En cierta historia, el héroe irlandés, Finn mac Cumhaill toca un salmón que ha ingerido unas avellanas procedentes de los árboles que pertenecen a la diosa Boinn, e instantáneamente adquiere el don de la sabiduría infinita. Gran parte de los animales y plantas de los que los antiguos curanderos aprendieron sus conocimientos también poseían una función religiosa. Por ejemplo, el autor romano Plinio refiere que el muérdago, planta que los druidas consideraban particularmente sagrada, se usaba en ungüento para sanar heridas y también se añadía a una poción que curaba la infertilidad. Quizá fuera porque esta planta es un parásito, y medra en invierno, que es cuando el árbol en donde se aloja aparece sin vida.

En la sabiduría celta los árboles son símbolos de gran importancia . Por ejemplo, se suele representar al dios Eso cortando un sauce cuyas raíces se adentran en las profundidades de la tierra, mientras que sus ramas crecen hacia el cielo, lo cual crea un vínculo entre el mundo superior y el inferior. Los árboles de hoja caduca reflejan el interminable ciclo de la vida, la muerte y el renacimiento, mientras que los de hoja perenne encarnan la aparente paradoja de la vida eterna tras la muerte. El poeta Lucano dice que Eso exigía sacrificios humanos y que sus víctimas eran apuñaladas y, a continuación, colgadas en árboles, donde se desangraban hasta la muerte. Sin embargo, Eso, nombre que significa “buen señor”, suele aparecer en imágenes junto a Cernunnos, “el de los cuernos sagrados” o “el dios de los animales”, lo cual nos ofrece una perspectiva más afable de ese misterioso dios. En una escultura de fascinante simbología aparece Eso cortando una rama de sauce y en una columna que hay sobre él, podemos ver a Cernunnos tranquilamente sentado. Cerca se ve un toro, que posiblemente representa un sacrificio, con tres garcetas sobre su lomo. Los pájaros forman una tríada (grupo de tres), símbolo recurrente en la tradición sagrada celta. Aunque no conocemos los mitos representados en esa talla, las imágenes se superponen sugiriendo el poder dela naturaleza de dar vida a partir de la muerte, mediante la renovación del crecimiento natural en primavera.

EL DIOS DE LOS CUERNOS
Cernunnos, “el de los cuernos sagrados”, personifica el estrecho vínculo existente entre los celtas y el mundo natural. Es un ser, mitad hombre y mitad bestia, al que a menudo se representa sentado con las piernas cruzadas. Tiene pezuñas en vez de pies y de la cabeza le brota un par de cuernos que simbolizan el ciclo eterno de la regeneración. A veces aparece con oro saliéndole de las manos, o bien, agarrando una serpiente, animal que hace referencia al ciclo de la renovación. Lleva dos torques especiales, adorno que en la sociedad celta denota poder y clase social. Cernunnos es el dios de los animales salvajes o domesticados y el señor supremo de la naturaleza.

LA ELECCIÓN DE PEREDUR
L a dualidad de la naturaleza aparece reflejada en la historia de Peredur, cuyas aventuras muestran su evolución de joven corriente a héroe. Un buen día Peredur vio en la ribera de un río un árbol extraordinario: uno de sus lados estaba cubierto de hojas verdes, mientras que del otro lado brotaban llamas. Peredur observó el árbol y reflexionó sobre lo que podía simbolizar. Por allí había un joven noble sentado, descansando. El noble pidió a Peredur que escogiera entre tres caminos. El primero de ellos conducía a una noche de descanso, el segundo a un suntuoso banquete y el tercero a un monstruo terrible. Peredur eligió el tercero. Su decisión fue sabia, ya que ese camino simboliza la ruta hacia el heroísmo.

EL SOL Y LA LUNA
En un mundo destrozado por la guerra, el sol y la luna son dos constantes consoladoras. En el siglo XIX, Alexander Carmichael recorrió las montañas e islas escocesas para recopilar y adaptar relatos y canciones tradicionales escoceses que contuvieran el espíritu celta.

EL SOL
Bienvenido, sol de las estaciones, en tu viaje por lo alto de los cielos.

Tus pasos suenan fuertes por la bóveda celeste.

Eres la gloriosa madre de las estrellas.

Yaces sobre el océano infinito.

Sin vacilación ni temor. Te elevas sobre las olas en calma.

Como una joven reina en el apogeo de su belleza.

Glorificado seas, ¡oh, sol afortunado!

Glorificado seas, rostro del Dios de los elementos.



LA LUNA
Contemplo la luna nueva, y deseo decir mi conjuro.

Deseo alabar al Dios de los elementos

Por su delicadeza y su bondad.

Que la luna de las lunas siga apareciendo por entre las nubes más densas,

Que luzca sobre mí y sobre todas las mujeres,

Por entre lágrimas negras.

Viendo cuantos hombres y mujeres han desaparecido

Por el río negro del abismo,

Desde que tu último rostro brilló sobre mí, luna nueva de los cielos.

Comentarios

Añadir un comentario