Reino Visigodo

viernes, 18 de mayo de 2007

La Venganza de Bran

Hay que cuidarse de ofender a los familiares de otros reyes, sobretodo si estos son tan enormes como Bran, rey de Gales



Finalmente el ardor inicial de Mallolwch se fue enfriando, y al cabo de los tres años las manipulaciones de los irlandeses que aún pretendían venganza tuvieron efecto. El rey empezó a acostarse con otras mujeres, hasta que finalmente relegó a la encantadora Branwen a las cocinas de palacio como una vulgar fregona. A pesar de todo, temía la furia de Bran si llegaba a enterarse de todo y por eso prohibió que ningún barco navegase desde sus costas a Britania, para evitar que la noticia viajase en el. Pero Branwen no era de la clase de mujeres que acepta una situación así. Había hecho amistad con un pequeño estornino que había caído del nido, y con paciencia le había enseñado a hablar. Cuando por fin lo consiguió, le contó toda su historia y le pidió que cruzara el mar para contársela a su hermano Bran. El pájaro, por amor a ella, así lo hizo y se presentó ante Bran. Al oír su relato, el rey de los galeses montó en cólera y ordenó preparar un ataque contra los irlandeses. Por una vez, sus hermanos Nissyen y Evissyen estuvieron de acuerdo y respaldaron el ataque. La flota que prepararon era tan inmensa que cubría el mar, y el propio rey Bran al ser tan grande y no caber en ningún barco, cruzó el mar a pié, llevando sobre sus hombros los arpistas y los hombres mas diestros.

Cuando la flota se aproximó a las costas de Irlanda, un vigía de Mallolwch la divisó al atardecer La falta de luz le impidió ver con claridad, por lo que solo informó a su rey que se acercaba algo monstruoso. Cuando le interrogaron con más detalle, el vigía dijo que parecía como que todo un bosque se estuviera desplazando hacia sus costas, y que daba la impresión de que en medio hubiera un gran montaña con un gran lago a cada lado. El rey tuvo la impresión de que eso no podía ser cierto, por lo que pidió a los mas sabios del reino que trataran de averiguar la verdad sobre el asunto. Pero ninguno dio con la clave, hasta que uno de ellos se acordó de Branwen que estaba en las cocinas y pensó que ya que la amenaza venía de Gales, ella debía saber de que se trataba.


Cuando llegó, sucia y despeinada, no había perdido ni un ápice de su belleza. Y a pesar de llevar un año en las cocinas, tampoco había disminuido su orgullo. Por lo que preguntó la razón por la que se la había convocado sin la debida ceremonia. Cuando le contaron lo sucedido, se alegró y amenazó a su marido. Le dijo que ahora se vería en grandes apuros para mantener su reino, ya que por maltratador de mujeres, los galeses iban a invadir su reino. Que el bosque no era más que los mástiles de la flota y la montaña era su hermano, con una nariz como un monte y unos ojos como dos lagos de grandes.

Mallolwch convocó urgentemente a sus guerreros y les pidió consejo. Eran orgullosos guerreros, pero a la vez les aterrorizaba el calibre del ejército invasor y el colosal tamaño de Bran. Tras largas deliberaciones, decidieron guarnecerse tras el río Liffy y destruir el puente que lo salva, para detener así el avance de los galeses. En un primer momento, pareció funcionar, ya que cuando intentaban cruzar el río, las embarcaciones de los galeses eran barridas hacia el mar.


Cuando Bran vio los apuros de sus tropas, se puso un casco, apoyó un escudo sobre su espalda y se lanzó hacia el otro lado del río, de manera que sus pies quedaron en una orilla, y su cabeza protegida en la otra. Así creó un puente por que pudieron pasar sus tropas para luchar contra los irlandeses. El escenario de tan prodigioso hecho se llamó entonces Baile Atha Cliath (Aquel que es jefe, sea puente), y hoy día a ese fuerte se le llama Dublín.

Al ver a su ejército en peligro, el rey Mallolwch decidió probar un engaño. Atrajo a Bran con la oferta de negociar a una estancia lo suficientemente grande como para que cupiese. Como Bran nunca en su vida había estado bajo techo, era una sensación que deseaba fervientemente experimentar, así que aceptó. Mallolwch ordenó que construyeran una casa inmensa, con todo lujo de detalles y sin escatimar en la decoración. Sin embargo, quería utilizar la casa para coger por sorpresa al rey Bran. Ordenó que colgaran una bolsa resistente de cada uno de los cien postes que sostenían el techo, y dentro de cada bolsa escondió un guerrero armado, que atacarían a los galeses cuando estos hubieran bebido suficiente cerveza.


Antes de que el rey Bran entrara el salón, su hermano Evissyen lo inspeccionó. Mientras miraba todo meticulosamente, vio como se movía una de las bolsas. Al tocarla, rápidamente se dio cuenta de lo que había. Pero no hizo público su descubrimiento y disimuló. Poco a poco, fue matando a todos los guerreros de las bolsas, aplastando sus cabezas.

Al poco tiempo de que terminara su matanza, llegaron los dos reyes. Celebraron un banquete en el que se expresaron mutuo aprecio y se juraron amistad eterna. Incluso Mallolwch sacó a Branwen de la cocina ricamente ataviada, para demostrar que se encontraba bien. Pero Evissyen le susurró al oído la historia de los hombres de las bolsas, par que Bran supiera lo traidores que eran los irlandeses. En cambio, Nissyen le imploró que aceptase la paz, y fue tan convincente que ablandó a Bran. Evissyen, aparentemente también aceptó el arreglo, pero pidió que Gwern, el hijo de su hermana sucediera en el trono a Mallolwch cuando este muriera. El rey irlandés aceptó y ordenó que se presentara su hijo. Cuando este vino y paso a lado de su tío Evissyen, este lo cogió por lo pies, y tras voltearlo, le arrojó contra la chimenea, donde se partió el cráneo y los sesos se le desparramaron por el suelo.

Los irlandeses, rápidamente se levantaron en armas, confiando en que sería apoyados por los hombres de las bolsas. Pero pronto se dieron cuenta de que estos no les ayudarían, y de que estaban en inferioridad numérica, por lo que mandaron por refuerzos. Fuera, además prepararon el caldero mágico y así reavivar a sus muertos. Los galeses mataban mas irlandeses que hombres perdían, pero los irlandeses utilizaban el caldero para resucitar a sus soldados. Cuando Evissyen se dio cuenta, peleó hasta llegar al caldero, y metiendo se dentro empujó los dos lados con tanta fuerza que el caldero se rompió. Pero debido a tanto esfuerzo, su corazón también falló y Evissyen murió.


Sin posibilidad de reanimar a sus muertos, los irlandeses fueron muriendo todos poco a poco. Pero en el bando galés, las bajas también fueron muy grandes y al final solo quedaron siete guerreros de toda la gran horda que salió de su país. Hasta el rey Bran murió por una flecha envenenada. Al darse cuenta de ello, ordenó a sus hombres que le cortases la cabeza y la enterraran en una colina de Londres, con la cabeza vuelta hacia Francia. Además predijo que tardarían ochenta y siete años en hacerlo, ya que se entretendrían por el camino.

Efectivamente, así fue. Los siete se pusieron en marcha y estuvieron siete años el Harlech, donde pasaron el tiempo entre fiestas y bebida, contando sus aventuras en Irlanda. Después marcharon a Cornualles, donde pasaron otros ochenta años en el castillo de un rey amigo. Mientras, la cabeza seguía incorrupta, y le iba aconsejando por el camino, a la vez que les recordaba su misión. Finalmente la cumplieron, y mientras estuvo enterrada, Londres estuvo a salvo de toda plaga, pero desde que la descubrieron y desenterraron, se ha visto asolada por multitud de plagas y enfermedades.

En Irlanda, después de la batalla, tan sólo sobrevivieron a la masacre cinco mujeres embarazadas que se habían refugiado en una cueva. Todas ellas tuvieron hijos varones y estos al crecer tomaron por esposas a las madres de sus compañeros. Así nació una nueva generación y toda la población de irlanda, desciende ahora de aquellas cinco mujeres.

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