Reino Visigodo

viernes, 18 de mayo de 2007

La Boda de Branwen

Hay ofensas que se pueden olvidar si la recompensa es generosa, y ninguna de tal belleza como Branwen



El rey Bran, también llamado “El Cuervo”, gobernó con prudencia y sabiduría. Su estatura era tan colosal que nunca había morado en casa alguna porque nunca se había hecho ninguna lo suficientemente grande como para albergarle. Tenía dos hermanos, que a su vez eran sus consejeros. Nissyen y Evissyen era sus nombres, y tenían personalidades tan dispares que el mismo Bran, cuando les pedía consejo, siempre llegaba a la conclusión de que el término medio entre ambos, era lo más justo. Nissyen era moderado e indulgente, y Evissyen, vengativo y brutal. Así Bran se ganó la fama de ser el mejor rey del mundo, mientras sus hermanos se odiaban entre sí, al estar siempre compitiendo.

Un día, estando sentados el rey Bran con su consejo y su hermano Nissyen en lo alto de una colina, vieron la legada de una enorme flota procedente de Irlanda, al otro lado del mar. Los barcos parecían bien equipados y cada uno de ellos llevaba un escudo en señal de paz. El rey manó enseguida emisarios para recibirlos y enterarse de quienes era y que es lo que querían. Así supo que rea el rey Mallolwch de irlanda, que había venido a pedir la mano de la hermana del de Bran. Este se alegró mucho al oírlo, al igual que Nissyen, ya que así se sellaría una firme alianza entre ellos. Además estaba seguro que cuando Evissyen se enterase, no pondría objeción a ese enlace.

Bran ordenó preparar un gran banquete en el que la comida y la bebida duraron toda la noche y la mañana siguiente. Felizmente, el rey Mallolwch y la princesa Branwen se enamoraron. Todo hubiera acabado bien, si no llega a ser porque Evissyen a su regreso, no estuvo de acuerdo con la decisión de Bran. Realmente no estaba en contra, pero estaba celoso por no habérsele pedido consejo para tomar esta decisión. Así que como Bran no quiso retractarse, decidió arruinar el enlace.

Se introdujo furtivamente en el establo donde el rey irlandés había dejado los caballos y mutiló a los pobres animales con un cuchillo. Cortó sus labios para que enseñaran los dientes, les rajó las orejas y les arrancó los parpados para que no pudieran cerrar los ojos. Cuando Mallolwch vio sus caballos tan brutalmente lisiados, tuvo que sacrificarlos y juró abandonar Gales y vengarse de sus anfitriones. Pero no podía creer que unas gentes que le habían agasajado y prometido a su princesa como esposa, le insultaran de aquella manera al día siguiente.


El rey Bran no quería que se marchasen los irlandeses, por lo que envió emisarios al rey Mallolwch para persuadirle de que se quedara. La delegación se disculpó y les ofreció un caballo mejor por cada uno que hubiera sido mutilado, y al rey una vara de plata tan alta como un hombre, y una placa de oro tan ancha como su rostro. Además, Bran, le ofreció uno de sus más valiosos tesoros, un caldero de hierro que tenía el poder de levantar a los muertos. Si alguien moría en batalla y era arrojado dentro, emergía inmediatamente sanado por completo, con la salvedad de que perdía el habla. Se trataba de un autentico tesoro para un rey, por lo que Mallolwch olvido su ira y pregunto al rey Bran de donde lo había sacado, a lo que este respondió que se lo había traído dos personas de Irlanda, Llassar Llaes Gyngwyd y su esposa Kymidei Kymeinvoll.

El rey Mallolwch se sorprendió y le contó a Bran que conocía a ambos, pues los había tenido como invitados. Le dijo que jamás había conocido una pareja tan sucia y villana como ellos. El era, según contaba el irlandés, un fanfarrón y un borracho, y ella una cerda lujuriosa, que trató de acostarse con todos sus nobles, pero no lo consiguió debido a hedor y mal aliento. Así pues, el rey Bran preguntó la razón de que Mallolwch los hubiese tenido hospedados, a lo que este le contestó, que eran demasiado grandes y peligrosos, y ella daba a luz un poderoso guerrero totalmente armado cada seis semanas. Los toleró para tener un ejército y le mostró tres monstruosas criaturas, altas como árboles y robustas como muros, todas idénticas entre sí, y que el rey declaró como fruto de ella. El rey prosiguió explicando, que solo cuando su pueblo amenazó con sublevarse, se deshizo de Llassar y Kymidei.

Para conseguirlo Mallolwch había mandado construir una enorme casa de placas de hierro, recubriendo el metal con madera para simular una sala de banquetes. Después había invitado a los dos monstruos aun gran banquete, y cuando estuvieron medio atontados por la comida y la cerveza, el resto de invitados se escabulleron, cerraron las puertas y prendieron fuego alrededor de la casa, hasta que aquello se convirtió en un horno. Llassar y su mujer se pusieron a aullar e intentaron tirar las paredes abajo, sin conseguirlo. Pero cuando el calor reblandeció el metal, Llassar se puso el caldero en la cabeza y embistió como un toro derribando una pared, escando los dos por ella. Se dirigieron rápidamente al mar para enfriarse, y usaron el caldero como embarcación para dirigirse a Gales.

El rey Bran se rió y retomo el relato. Contó que cuando llegaron, ambos se quedaron impresionados por su gran tamaño y parecían escarmentados por el trato recibido en Irlanda. Convinieron en vivir tranquilamente en las colinas tras Harlech y regalar así un nuevo guerrero para su ejército cada seis semanas, a cambio solo de protección y alimento. De esta forma, el rey Bran obtuvo seis soldados, que envió después a irlanda a conocer a sus hermanos.

La promesa de nuevos caballos, los regalos personales al rey y la animada charla con Bran, animó al rey Mallolwch a olvidar la ofensa de Evissyen y hacer las paces con el rey galés. Sin embargo, gran parte de los nobles que lo acompañaban, no quería olvidar la injuria, pero el rey influido también por la belleza de Branwen lo olvidó todo, y pronto su esposa dio a luz a un hermoso hijo, al que llamaron Gwern.

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