viernes, 18 de mayo de 2007
Los siguientes problemas de Llud
Las desgracias nunca llegan solas. Las casualidades no existen. Lludd se enfrenta de nuevo a las terribles plagas que asolan su reino.
Una vez restablecido la paz en Britania gracias la exterminio de los corannyeid, Lludd tuvo que enfrentarse a otros dos terribles problemas. En ciertas ocasiones, un chillido alto y lacerante irrumpía en la paz del reino. Era tan agudo que hasta las mujeres embarazadas abortaban y la gente perdía temporalmente el sentido del oído. Por más que lo intentó, Lludd no pudo descubrir el origen de estos terribles gritos.
El otro problema, aún no siendo tan grave, seguía siendo motivo de preocupación para Lludd. Cada vez que se planeaba una fiesta, se preparaban las viandas la noche anterior, como de costumbre, pero desaparecían la mañana siguiente. No importaba el número de guardias que custodiasen la comida, siempre desaparecía. Lludd pronto se ganó fama de tacaño, y sus súbditos empezaron a conspirar contra el.
Así que de nuevo tomó consejo de su hermano Llevelys. Este le contó que su reino estaba acosado por dos dragones que eran enemigos mortales y que los gritos que escuchaban eran los sonidos que producían al luchar. Para librarse de estas bestias, debería ordenar a los sabios del país tomar las medidas mas largas de Norte a Sur, y de Este a Oeste y hallar su punto de intersección. En este punto, debería cavar un profundo hoyo y colocar en el fondo un barril de cerveza. Después, habría que cubrir el borde con una tela y esperar. Los dragones serían atraídos por la cerveza, ya que son grandes bebedores. Una vez que apareciesen, empezarían a luchar y caerían al barril, convirtiéndose en cerdos. Ya solo tendría que atar las puntas de la tela para así capturarlos. Esto le pareció una buena solución a Lludd, pidió entonces consejo para su otro problema.
Lludd estaba muy preocupado por esta cuestión, ya creía que la gente pensaba que era un rey mezquino, y que no quería compartir su comida con ellos. Llevelys, después de meditar sobre el asunto, le explicó que podía ser debido a un mago gigante, que poseía una bolsa que nunca se llenaba. Así que le recomendó que llenara una bañera con nieve del Snowdon y se metiera dentro, para así no caer en los encantamientos del mago.
En cuanto llegó a su país, enseguida organizó todo tal y como le había dicho su hermano, para acabar con los dragones luchadores. De esta manera, estuvo esperando hasta que aparecieron y cayeron al barril, entonces saltó al hoyo, agarró las puntas de la tela e hizo un nudo. Después llamó a sus hombres que le ayudaron a sacar los cerdos del agujero y a meterlos en un gran cofre de hierro, que después enterró.
Una vez solucionado el segundo problema se puso manos a la obra para terminar con el tercero. Anunció una gran fiesta, y mientras hacía los preparativos para ella, mandó a buscar la nieve que necesitaba. Una vez estuvo todo dispuesto, se metió dentro de la bañera a esperar. Justo antes del amanecer, entró un gigante en el salón con una enorme bolsa de cuero. Lludd observó como recogía toda la comida de encima de las mesas y la metía en el saco. Se quedó admirado por la gran capacidad de la bolsa, ya que nunca se llenaba ni se hinchaba. Por fin, cuando el mago hubo terminado y se disponía a dejar el salón, Lludd salió de su escondite, y con uno de los bancos, golpeó la cabeza del mago. Éste se desplomó en el suelo, y Lludd desenvainó su espada para matarle. El mago aterrado le imploró clemencia y a cambio de su vida ofreció le el triple de todo cuanto le hubo robado. Lludd aceptó el ofrecimiento, y con el excedente de comida celebró la mayor fiesta que jamás se celebrara en reino alguno, por lo que sus súbditos le aclamaron como el rey mas generoso de todos los tiempos.
Una vez restablecido la paz en Britania gracias la exterminio de los corannyeid, Lludd tuvo que enfrentarse a otros dos terribles problemas. En ciertas ocasiones, un chillido alto y lacerante irrumpía en la paz del reino. Era tan agudo que hasta las mujeres embarazadas abortaban y la gente perdía temporalmente el sentido del oído. Por más que lo intentó, Lludd no pudo descubrir el origen de estos terribles gritos.
El otro problema, aún no siendo tan grave, seguía siendo motivo de preocupación para Lludd. Cada vez que se planeaba una fiesta, se preparaban las viandas la noche anterior, como de costumbre, pero desaparecían la mañana siguiente. No importaba el número de guardias que custodiasen la comida, siempre desaparecía. Lludd pronto se ganó fama de tacaño, y sus súbditos empezaron a conspirar contra el.
Así que de nuevo tomó consejo de su hermano Llevelys. Este le contó que su reino estaba acosado por dos dragones que eran enemigos mortales y que los gritos que escuchaban eran los sonidos que producían al luchar. Para librarse de estas bestias, debería ordenar a los sabios del país tomar las medidas mas largas de Norte a Sur, y de Este a Oeste y hallar su punto de intersección. En este punto, debería cavar un profundo hoyo y colocar en el fondo un barril de cerveza. Después, habría que cubrir el borde con una tela y esperar. Los dragones serían atraídos por la cerveza, ya que son grandes bebedores. Una vez que apareciesen, empezarían a luchar y caerían al barril, convirtiéndose en cerdos. Ya solo tendría que atar las puntas de la tela para así capturarlos. Esto le pareció una buena solución a Lludd, pidió entonces consejo para su otro problema.
Lludd estaba muy preocupado por esta cuestión, ya creía que la gente pensaba que era un rey mezquino, y que no quería compartir su comida con ellos. Llevelys, después de meditar sobre el asunto, le explicó que podía ser debido a un mago gigante, que poseía una bolsa que nunca se llenaba. Así que le recomendó que llenara una bañera con nieve del Snowdon y se metiera dentro, para así no caer en los encantamientos del mago.
En cuanto llegó a su país, enseguida organizó todo tal y como le había dicho su hermano, para acabar con los dragones luchadores. De esta manera, estuvo esperando hasta que aparecieron y cayeron al barril, entonces saltó al hoyo, agarró las puntas de la tela e hizo un nudo. Después llamó a sus hombres que le ayudaron a sacar los cerdos del agujero y a meterlos en un gran cofre de hierro, que después enterró.
Una vez solucionado el segundo problema se puso manos a la obra para terminar con el tercero. Anunció una gran fiesta, y mientras hacía los preparativos para ella, mandó a buscar la nieve que necesitaba. Una vez estuvo todo dispuesto, se metió dentro de la bañera a esperar. Justo antes del amanecer, entró un gigante en el salón con una enorme bolsa de cuero. Lludd observó como recogía toda la comida de encima de las mesas y la metía en el saco. Se quedó admirado por la gran capacidad de la bolsa, ya que nunca se llenaba ni se hinchaba. Por fin, cuando el mago hubo terminado y se disponía a dejar el salón, Lludd salió de su escondite, y con uno de los bancos, golpeó la cabeza del mago. Éste se desplomó en el suelo, y Lludd desenvainó su espada para matarle. El mago aterrado le imploró clemencia y a cambio de su vida ofreció le el triple de todo cuanto le hubo robado. Lludd aceptó el ofrecimiento, y con el excedente de comida celebró la mayor fiesta que jamás se celebrara en reino alguno, por lo que sus súbditos le aclamaron como el rey mas generoso de todos los tiempos.
