viernes, 18 de mayo de 2007
El Primer Problema De Llud
Cuando dos personas se tiene verdadero afecto, saben que las palabras hirientes siempre se deben a malos entendidos.
En tiempos remotos, existió en Britania un gran rey llamado Beli mac Mynogan, que gobernó con gran prudencia y sabiduría. Tenía cuatro hijos varones, todos hombres apuestos y buenos guerreros, pero dos superaban al resto por su sabiduría, Lludd y Llevelys. Por esta razón cuando el rey supo que iba a morir, le cedió el reinado a Lludd, no por ser el mas sabio, si no por ser el mayor de los dos. Esto no generó ningún conflicto ya que al poco tiempo Llevelys se apoderó de otro reino. Así pasaron muchos y buenos años.
Pero las épocas felices no duran eternamente, y un día tres grandes males sacudieron el reino de los bretones. Primero llegaron a la isla unos seres llamados corannyeid, que aunque de apariencia humana, eran realmente demonios. Inmediatamente empezaron a provocar todo tipo de desgracias en sus tierras, siendo las más comunes engañar a la gente en las operaciones de negocios: cuando compraban algo, pagaban con monedas que parecían reales, pero estas se convertían en polvo por la noche, dejando al vendedor sin nada. Cuando los bretones trataron de hacer algo contra ellos, descubrieron otro de sus terribles aspectos, los corannyeid eran capaces de escuchar a los bretones, independientemente de donde estuviesen o por muy bajo que hablasen, de tal manera que siempre sabían sus planes. Aunque los bretones se escondieran en el punto más remoto de la isla y hablaran en susurros durante una tormenta, los corannyeid podían oírles. Por más que lo intentaran, los bretones no podían librarse de esos molestos seres, pues eran incapaces de trazar ningún plan sin que se enteraran.
Lludd se dio cuenta de lo infeliz que era su pueblo, así que pensó que solo una persona en el mundo podía ayudarle, su hermano Llevelys. Así pues anunció que iría a visitar su hermano al otro lado del mar, pero para no levantar sospecha explicó que se trataba de una visita de cortesía. Así que Lludd preparó una flota y se dirigió al otro lado del mar. Cuando ambos hermanos se encontraron, Llevelys le preguntó el motivo de su viaje, y Lludd respondió en voz alta para que le oyeran bien los corannyeid, que era una visita de cortesía, a la vez que le entregaba un pergamino en el que había dibujado un diagrama de un tubo largo, que según el podía servir como solución para hablar sin ser escuchado. Así que Llevelys enseguida lo mandó construir.
Una vez estuvo listo, Lludd se colocó un extremo en la boca e indicó a su hermano que se colocara el otro junto al oído. De esta forma empezó a hablar Lludd , y dijo: “hermano mío, he venido a pedirte consejo para resolver un gran problema que aflige a mi país”, pero Llevelys escuchó: “eres un mal soberano y he venido a decirte que tu padre no era mi padre, sino un cerdo de baja ralea”. Llevelys miró sorprendido a su hermano y replicó en voz alta: “¿Has venido desde tan lejos sólo para insultarme?”, sorprendido Lludd volvió a hablar por el tubo: “¿Qué quieres decir hermano?, he venido a pedir tu ayuda”, pero Llevelys solo entendió que le llamaba borracho. Esto resulto misterioso para ambos, ya que siempre se hablaron con afecto, y solo los mensajes a través del tubo se corrompían y levantaban la cólera de uno contra otro.
Finalmente Lludd imaginó que un demonio se encontraba dentro del tubo, y así se lo dijo a su hermano, que propuso verter vino dentro para espantar al demonio. Una vez hecho el demonio huyó y ambos pudieron hablar claramente. Así pues, Lludd explicó a Llevelys su problema, este le dio la solución. “Toma esta botella llena de insectos, que provienen de la tierra de donde son originarios los corannyeid. Cuando llegues a casa, mátalos y tritúralos hasta obtener un polvo fino. Después mézclalos con agua. Cuando convoques a todo tu reino, incluidos los corannyeid, destapa el frasco y arroja el líquido sobre la multitud. No dañará a la gente normal, pero hará que los corannyeid caigan y se retuerzan en agonía hasta que mueran”. Esto le pareció a Lludd una buena solución, y aseguró que así lo haría.
Una vez hubo regresado a casa, hizo todos los preparativos tal y como su hermano le había sugerido, y todo salió como estaba previsto. Así que los bretones le aclamaron como el más grande rey de la historia, y para conmemorarlo llamaron al lugar de la reunión Caer Llundein.
En tiempos remotos, existió en Britania un gran rey llamado Beli mac Mynogan, que gobernó con gran prudencia y sabiduría. Tenía cuatro hijos varones, todos hombres apuestos y buenos guerreros, pero dos superaban al resto por su sabiduría, Lludd y Llevelys. Por esta razón cuando el rey supo que iba a morir, le cedió el reinado a Lludd, no por ser el mas sabio, si no por ser el mayor de los dos. Esto no generó ningún conflicto ya que al poco tiempo Llevelys se apoderó de otro reino. Así pasaron muchos y buenos años.
Pero las épocas felices no duran eternamente, y un día tres grandes males sacudieron el reino de los bretones. Primero llegaron a la isla unos seres llamados corannyeid, que aunque de apariencia humana, eran realmente demonios. Inmediatamente empezaron a provocar todo tipo de desgracias en sus tierras, siendo las más comunes engañar a la gente en las operaciones de negocios: cuando compraban algo, pagaban con monedas que parecían reales, pero estas se convertían en polvo por la noche, dejando al vendedor sin nada. Cuando los bretones trataron de hacer algo contra ellos, descubrieron otro de sus terribles aspectos, los corannyeid eran capaces de escuchar a los bretones, independientemente de donde estuviesen o por muy bajo que hablasen, de tal manera que siempre sabían sus planes. Aunque los bretones se escondieran en el punto más remoto de la isla y hablaran en susurros durante una tormenta, los corannyeid podían oírles. Por más que lo intentaran, los bretones no podían librarse de esos molestos seres, pues eran incapaces de trazar ningún plan sin que se enteraran.
Lludd se dio cuenta de lo infeliz que era su pueblo, así que pensó que solo una persona en el mundo podía ayudarle, su hermano Llevelys. Así pues anunció que iría a visitar su hermano al otro lado del mar, pero para no levantar sospecha explicó que se trataba de una visita de cortesía. Así que Lludd preparó una flota y se dirigió al otro lado del mar. Cuando ambos hermanos se encontraron, Llevelys le preguntó el motivo de su viaje, y Lludd respondió en voz alta para que le oyeran bien los corannyeid, que era una visita de cortesía, a la vez que le entregaba un pergamino en el que había dibujado un diagrama de un tubo largo, que según el podía servir como solución para hablar sin ser escuchado. Así que Llevelys enseguida lo mandó construir.
Una vez estuvo listo, Lludd se colocó un extremo en la boca e indicó a su hermano que se colocara el otro junto al oído. De esta forma empezó a hablar Lludd , y dijo: “hermano mío, he venido a pedirte consejo para resolver un gran problema que aflige a mi país”, pero Llevelys escuchó: “eres un mal soberano y he venido a decirte que tu padre no era mi padre, sino un cerdo de baja ralea”. Llevelys miró sorprendido a su hermano y replicó en voz alta: “¿Has venido desde tan lejos sólo para insultarme?”, sorprendido Lludd volvió a hablar por el tubo: “¿Qué quieres decir hermano?, he venido a pedir tu ayuda”, pero Llevelys solo entendió que le llamaba borracho. Esto resulto misterioso para ambos, ya que siempre se hablaron con afecto, y solo los mensajes a través del tubo se corrompían y levantaban la cólera de uno contra otro.
Finalmente Lludd imaginó que un demonio se encontraba dentro del tubo, y así se lo dijo a su hermano, que propuso verter vino dentro para espantar al demonio. Una vez hecho el demonio huyó y ambos pudieron hablar claramente. Así pues, Lludd explicó a Llevelys su problema, este le dio la solución. “Toma esta botella llena de insectos, que provienen de la tierra de donde son originarios los corannyeid. Cuando llegues a casa, mátalos y tritúralos hasta obtener un polvo fino. Después mézclalos con agua. Cuando convoques a todo tu reino, incluidos los corannyeid, destapa el frasco y arroja el líquido sobre la multitud. No dañará a la gente normal, pero hará que los corannyeid caigan y se retuerzan en agonía hasta que mueran”. Esto le pareció a Lludd una buena solución, y aseguró que así lo haría.
Una vez hubo regresado a casa, hizo todos los preparativos tal y como su hermano le había sugerido, y todo salió como estaba previsto. Así que los bretones le aclamaron como el más grande rey de la historia, y para conmemorarlo llamaron al lugar de la reunión Caer Llundein.
